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Los paraguayos somos rehenes de las “listas sábana”

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Los paraguayos somos rehenes de las “listas sábana”

La ministra de Hacienda, Lea Giménez, trata de apretar los tornillos a los contribuyentes de siempre porque los ingresos actuales ya no alcanzan para mantener al creciente número de familiares y activistas que los políticos van incorporando cada vez más a la función pública.

Valga como ejemplo el caso de la diputada María Carísimo (PLRA), que instaló en la Cámara Baja a dos hijos, una nieta, un sobrino y una nuera, esta última comisionada por el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones. Tras afirmar que su nieta “tiene derecho a acceder a una Dirección”, señaló que “el conocimiento se aprende (sic)”, admitiendo así que Zaida Rojas Domínguez es inepta para dirigir la Comisión de Asuntos Migratorios y Desarrollo de dicha Cámara.

La cínica legisladora supera el cupo de hasta tres contratados o funcionarios públicos que puede “tener” cada diputado, según un acuerdo interno vigente, a los que deben sumarse unos “asesores” externos, también de discutida capacidad y utilidad.

Algo similar ocurre en el Senado, de modo que Juan Pueblo debe alimentar a numerosos parásitos por el mero hecho de estar vinculados con algún “representante del pueblo”. A esos avivados, tan voraces con el dinero público, no les basta con la jugosa dieta que perciben, ni con los vehículos oficiales que usan para asuntos particulares, ni con los vales para combustible ni con los viajes de turismo al exterior, pagados por el erario: también les parece justo que el contribuyente sostenga a sus allegados, aunque no le presten ningún servicio.

Solo unos caraduras redomados pueden pasar la factura a los demás, en vez de recurrir a su propio bolsillo para solventar los gastos de sus parientes y de sus secuaces.

Para peor, es de temer que esta práctica nefasta de clientelismo y nepotismo se acentúe con el correr de los meses, de cara a las próximas elecciones internas y generales. Seguramente, se incrementarán las “ampliaciones” o “reprogramaciones” presupuestarias para incorporar, como contratados o funcionarios, a quienes van a resultar útiles como operadores en las campañas proselitistas.

Cabe preguntar, con tantos malos antecedentes y denuncias de esta naturaleza, ¿por qué los políticos siguen sacando dinero a los que trabajan para que sus zánganos puedan cobrar a fin de mes, sin perjuicio de que ellos mismos se queden con una parte del salario?

La respuesta es simple: esta estúpida y humillante situación se produce porque diputados y senadores solo se sienten responsables ante los capitostes de sus partidos, pues son ellos quienes, según el dinero que aportan, les incluyen en las “listas sábana”. No le rinden cuentas a nadie, salvo a quienes les vendieron un buen lugar en dichas listas, y la Justicia, manejada justamente por los caciques partidarios, en consecuencia, no les alcanza.

Las “listas sábana” son cerradas y bloqueadas y manejadas desde arriba, sin que los electores tomen parte en su conformación. Eso permite que en ellas se cuelen bandidos y haraganes de todo pelo y color, que continuarán disfrutando de la fresca viruta succionando la sangre del pueblo trabajador.

Esta grave situación condena a nuestro país a sufrir a los impresentables en los principales cargos electivos. Por regla general, no se llega a ser candidato por los quilates intelectuales y morales que se tengan, sino por el dinero y la lealtad lacayuna a un cacique partidario. Y ello es facilitado porque aún son muchos los compatriotas que siguen votando por un color, antes que por unas ideas o por unas personas meritorias.

De esta manera, el Congreso se llena de sinvergüenzas, que se valen de sus escaños –muchas veces obtenidos con dinero malhabido– para alimentar a sus parientes, amigos y correligionarios, sin importarles un bledo el interés general. Para peor, como no existe la revocatoria del mandato, hay que soportarlos durante al menos cinco años, aunque desangren al pueblo mediante los parásitos que instalan en el Presupuesto nacional.

Es más, tienen buenas posibilidades de ser reelegidos, en la medida en que sigan traficando influencias y acumulen riqueza, continúen colgados del saco de algún “líder” infalible, y consigan sueldos para suficientes operadores políticos.

No debe extrañar, entonces, que el Congreso venga dilatando indefinidamente el tratamiento del proyecto de ley que desbloquea las “listas sábana”, para impedir, por de pronto, que en las próximas elecciones internas el votante pueda influir en la conformación de la nómina de candidatos.

De esta manera, seguiremos teniendo muchos y muchas como María Carísimo para rato, prototipo del legislador ignorante y voraz, generado por un modo de elección que conduce a que la ciudadanía sea ignorada. Porque cuesta imaginar que un ciudadano vaya a darle su voto si pudiera evitarlo. Se dirá que podría votar por la “lista sábana” de otro partido, pero ocurre que también allí habrá especímenes de la misma calaña, porque en todos los colores impera el mismo caciquismo en sus cuadros directivos.

Mientras la Justicia no ponga en su lugar a los diputados y senadores impresentables que trafican con la voluntad popular, a los ciudadanos y ciudadanas para manifestarles nuestra indignación no nos queda otra que repudiarlos públicamente allí donde se los encuentre.

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