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Que no se repita la historia

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Que no se repita la historia

Por Dany Fleitas 

Periodista

La marcha campesina ya lleva mes y medio y se ha convertido en una de las más prolongadas que se hayan hecho en Asunción. Esta vez los agricultores izaron la bandera del subsidio –o condonación– como principal reclamo. El mayor escollo que deben sortear los trabajadores del campo es la falta de un registro detallado de deudores, concepto del gasto y montos por entidad.

Otro factor en contra –la más perjudicial a sus intereses– es que la movilización se contaminó de oportunistas políticos y los tiempos electorales hacen suponer que solo buscan un rédito electoral y/o quizá recursos frescos para hacer proselitismo.

Todo eso generó muchas dudas y los manifestantes se ganaron rápido el repudio generalizado de la ciudadanía. Se olvidaron de que un millón de paraguayos se movilizan a diario hacia Asunción para estudiar, trabajar, comprar, vender o simplemente hacer turismo. Ni hablar del impacto negativo al movimiento comercial, principalmente el sector gastronómico, muy fuerte en el casco histórico.

La táctica falló. Antes que ganar adeptos y generar conciencia a favor, los labriegos desataron una ola de críticas fuertes con sus cortes de calles a cualquier hora, ruidos y basuras por doquier. Tan grande fue la indignación que, en el balance general, hasta los medios se hicieron más eco del repudio ciudadano que de la causa campesina.

No es para menos. Los derechos de unos terminan donde comienzan los de otros. La ciudadanía honesta y trabajadora que suda la gota gorda cada día para pagar sus cuentas ya no se calla. No tolera más el atropello inmisericorde ni transigirá ante tamaño despropósito; no tolera ni acepta más la entrega de dinero público a cualquiera que busca meter miedo con protestas. Paraguay transita y respira la modernización, a un ritmo vertiginoso. La gente quiere salir adelante en igualdad y con las mismas oportunidades que otros, y en paz. El subsidio reclamado no es justo ni razonable para el resto de la población. Es cierto, existen otras formas de subsidios vigentes, pero son transitorios y cumplen un objetivo social de desarrollo bien definido que no comprometen la estabilidad social y económica.

Es evidente que existen todavía dirigentes manipuladores que se aferran a una corriente ideológica arcaica, que ya no funciona. Este tipo de liderazgo apuesta a la fuerza como estrategia. Cree que, como antes, se puede llegar con gente en «camionadas» y con protestas violentas obtener gratis recursos sin mucho esfuerzo.

Hoy, en pleno siglo XXI, las manifestaciones de reclamos y sugerencias ciudadanas ya no se dan solamente en las calles. Las nuevas plataformas de la información y la comunicación son armas letales tanto o más poderosas que las movilizaciones callejeras. Esto se vio más que nunca. Mientras los campesinos marchaban, cientos de miles de internautas se manifestaban online, pero en contra.

El oportuno veto del Poder Ejecutivo al proyecto de ley de subsidio de las deudas de los agricultores campesinos fue aplaudido de pie por la ciudadanía. Ahora, la «pelota tata» –pensado originalmente para embretar al Presidente– arde en las manos de ambas cámaras del Congreso Nacional. En Senado y Diputados pueden ratificarse y ganarse el apoyo de unas cuantas familias «endeudadas» del campo, pero sin embargo se ganarán el voto en contra de millones de paraguayos que desatarán reclamos similares de otros sectores sensibles y pondrán en riesgo la salud del fisco.

Los sectores en disputa no deberían caer en extremos ni en la ceguera de ideologías. Por suerte, el puente del diálogo no se ha agotado. Los legisladores que votaron por el sí al subsidio y los líderes campesinos deberían repensar su estrategia y aceptar una salida intermedia, como, por ejemplo, la refinanciación y otras alternativas, como propone el Ejecutivo.

En la mesa de negociaciones podrían incorporar también ciertas reformas de entidades relacionadas con la producción agrícola y ganadera a los efectos de poner en vigencia un seguro acorde a nuestra realidad y una mejor atención crediticia y técnica en el campo para que no se repita la historia cada año.

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