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Lobos vestidos de corderos

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Lobos vestidos de corderos

Por Óscar Germán Latorre
Abogado

Desperté escuchando el programa del pa’i Oliva por Radio Fe y Alegría. El entrevistado era un dirigente campesino y debo destacar el esfuerzo del conductor al presentar al entrevistado como un reivindicador de las luchas sociales y que la forma y contenido del reclamo campesino estaban plenamente justificados. Cada pregunta estaba dirigida a presentar al lobo como un inocente cordero.

Al terminar la entrevista, si no conociera la verdad sobre lo que realmente persiguen estos dirigentes, que nada tiene ver con el mejoramiento de las condiciones de vida de los campesinos productores, hasta podría haber quedado convencido de que los manifestantes no violaron derechos de terceros y que a su paso no cometieron hechos punibles alguno.

Fue tan evidente la intención de disimular el verdadero propósito político de estas manifestaciones, que opté por cambiar de emisora para no seguir escuchando el falso discurso del conductor y su entrevistado.

Soy católico, de orgullosa formación salesiana, pero rechazo cualquier participación, manifiesta o encubierta, de pastores de mi Iglesia en temas de exclusivo propósitos políticos.

Todos conocemos la labor del pa’i Oliva antes y después de la caída de la dictadura y hemos respetado y hasta consentido su abierto involucramiento en política, pero todo tiene un límite. O es un pastor de la Iglesia Católica y como tal debe evangelizar o es un simple operador político disfrazado de sacerdote. Justificar la acción de los campesinos y las amenazas de sus dirigentes no es el mejor método para respetar a los demás y permitir la convivencia social.

Las declaraciones de un líder campesino al conocer el veto presidencial a la ley de condonación de deudas no pueden ser interpretadas sino como una aviesa amenaza de violencia contra el Gobierno y contra toda la ciudadanía. Anuncian que incrementarán las medidas de presión para que el Congreso rechace el veto, haciendo la vida imposible a trabajadores, estudiantes y enfermos que nada tienen que ver con esos reclamos. Dicen que permanecerán en la capital hasta que mueran ellos o los asuncenos, expresión que no es simplemente una ligereza en el mensaje.

Desde 1989 los dirigentes campesinos vienen recibiendo varios miles de millones de guaraníes que jamás han llegado a los verdaderos campesinos. Algunos de esos líderes son terratenientes y se movilizan en lujosas camionetas cuando no se presentan en público.
Es el momento de cortar definitivamente con ese estilo de intermediación financiera que solo beneficia a los dirigentes. También es hora de abandonar la campaña para presentar a los garrotes que portan los manifestantes como un elemento para permitir el diálogo sin amenazar a nadie y que los sacerdotes vuelvan a evangelizar y dejen de ser operadores políticos.

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